Hay dolores que llegan sin pedir permiso. Golpes que uno no elige, heridas que aparecen aunque hayas hecho todo bien. Pero también existen las decisiones silenciosas: esas veces donde me quedé demasiado tiempo en lugares y situaciones que me destruían, justificando lo injustificable solo porque ya me había acostumbrado al dolor.
Y eso fue lo más peligroso.
Porque no siempre me estaba rompiendo el mundo… muchas veces era yo permitiendo que siguiera haciéndolo.
Durante mucho tiempo pensé que resistir era sinónimo de fortaleza. Creía que aguantarlo todo me hacía más fuerte, más maduro, más digno de admiración. Como si cargar heridas abiertas fuera una medalla emocional. Como si vivir cansado, roto y emocionalmente drenado fuera parte natural del crecimiento.
La verdad es que uno puede acostumbrarse incluso a lo que le hace daño. El dolor constante deja de sorprenderte. Se vuelve rutina. Y cuando el sufrimiento se convierte en costumbre, empiezas a defender aquello que lentamente te destruye.
Ahí entendí algo incómodo: no me estaba fortaleciendo… me estaba volviendo tolerante a lo que me rompía.
Y eso cambia todo.
Porque el mundo no se detiene para preguntarte cuánto has sufrido. No baja la velocidad porque estés cansado. La vida sigue avanzando, con o sin ti. Y mientras yo seguía intentando sobrevivir de la manera equivocada, también iba perdiendo oportunidades, tranquilidad, relaciones y versiones de mí que jamás llegué a conocer.
Quedarme así también tenía un precio. Y lo estaba pagando con mi paz.
Hasta que llegó ese cansancio profundo. No el físico… el emocional. Ese momento donde el alma se agota de fingir que todavía puede soportar más. Y ahí, sin discursos épicos ni música de película, entendí algo simple:
Ya basta.
No como frase motivacional. Como decisión.
Entendí que dejar de caminar sobre cristales no significa esperar a que alguien limpie el suelo. Significa dejar de quedarme en lugares, personas o pensamientos que me obligan a sangrar para poder permanecer.
Y sí, salir duele.
Pero quedarse destruye.
RECUERDA ESTO
—— . ——
“
No todo lo que duele te está enseñando algo… a veces solo te está destruyendo lentamente.
Fragmento del Libro:
"En un mundo que no perdona decidí no rendirme 39 claves para volver a empezar".
Una invitación a reflexionar, sanar y encontrar el valor para comenzar de nuevo.
0 Comments
Publicar un comentario